jueves 12 de noviembre de 2009

Hombre en llamas...


No era un loco.

Tampoco un enfermo;
sólo estaba enamorado
y el amor obliga a la locura
y enferma, de vez en vez.

Usualmente,
se empeñaba en gravitar entre las sombras.

Caminaba solo los días y los años
aparentando que lo suyo era una vida.

En la noche su piel reclamaba todavía,
la tibieza de un cuerpo vivo,
el dulce abrazo de alguien para él.

El empuje para salir de casa era la rutina
y, la apatia, el sonido de su obturador.

Estaba cansado.

En algún punto,
las ganas se le convirtieron en lozas de plomo
que no le dejaban volar.

Las figuras de guerreros lo rescataban del marasmo,
mientras la figura de su sangre y de su carne,
el reflejo y perpetuidad de su noble corazón,
se mantenía como su refugio y su razón.

Un día decidió aprender a bailar.

Se atrevió a soltar piernas y brazos,
con la valentía de quien se deshace de
miedos y complejos.

Sacudió con gallardía la cadera,
como quien expulsa de sí,
el polvo que enmohece las ganas.

Decidió modificar su reflejo,
eliminando vicios con la fuerza de los grandes;
se entrenó para cerrar la boca
y abrir la mirada de brillante miel.

Rescató sus viejas canciones
y las fusionó con nuevas melodías
que le inspiraron los mejores pasajes,
cuadros de amaneceres, pobreza, gente,
maravilla, lágrimas, vejez, ausencia,
dolor, color...

Y se permitió coquetear con el papel.

Escribió llorando y sobrio,
y ahogó sus penas en el mar de las estrellas
al que corrió a gritar su nombre,
para exorcizarse aquel amor.

Antes de caer vencido,
su corazón tintó el sueño de su vida
y lo encerró en una botella de cristal,
que descansará en el fondo marino
con el Hombre en llamas,
en una galeria mundial.

Sólo por ella...

De la serie "Ensayos del Silencio..."
12 de noviembre/ 2009

lunes 19 de octubre de 2009

La Cumbre...


Gritar.

Hay veces en que uno quisiera convertirse en un lamento muy largo, inacabable.



Subir a la cumbre, ahí donde pega el aire, donde se está más cerca de Dios, y sólo gritar.

Ser un aullido entero, ni hombre ni mujer, sólo la expresión sonora del dolor, del sufrimiento de hace mucho; del insoportable desconsuelo que dejó de encontrar cauce en las lágrimas, para deshacerse de tal congoja.

Es que el llanto es, a ciertos niveles, insuficiente para extirparse la lluvia de punzadas clavadas por dentro, que queman, que producen una silenciosa pero insoportable pena, urgida por salir para no pudrirse y pudrirlo todo.

Es una alternativa que surge, cuando el dolor es poco manejable.

Que la pena reviente entonces en un fino y elegante reclamo. En un sonido agudísimo que inicie bajito, como una nota musical que va abriéndose paso para recopilar todas las tristezas contenidas, como hace el agua con las piedras del río.

Un sonido humedecido apenas perceptible, que va elevando el tono hasta ensordecer todos los ruidos del universo.

Que se callen las aves, las hojas que caen o que uno pisa; que no se escuche tampoco el choque de las olas, la marea sobre la playa; que el aullido apague la respiración de los mudos, que no se oigan ni los secretos de los amantes, ni las confesiones de los muertos.

Que nada se escuche que no sea el dolor, grito perfecto, expresión de los pesares, suma de melancolías, desánimos; vehículo incandescente del reclamo, de la impotencia, del origen.

Gritar.

Volverse un entero aullido, un único y prolongado lamento que nos canse, que nos deje sin fuerzas para dolernos.

Tomo mi mochila, mi vieja libreta.

Voy hacia la cumbre.

De la serie "El de Hoy..."
24 de marzo 2005

jueves 24 de septiembre de 2009

El Club de la Nostalgia...


Va éste por la nostalgia de los días de escuela, por las noches de juerga, por las borracheras de amistad, por los ratos irrepetibles y eternos de complicidad; por los momentos de irresponsabilidad llenos de inocencia, de rebeldía, de sueños y utopías defendidas a muerte.

Va por el amor que se vive a tope, en todas sus expresiones, formas y direcciones; por el desamor que sufrimos al límite, por los juegos estúpidos, por las discusiones insulsas; por las canciones de culto, por las rolitas bobas que nos unieron más que los genes; por el vacío ante la incertidumbre, por el miedo en la piel y el atrevimiento valiente de nuestras bocas jóvenes e ilusas, exigiendo amor, equidad y justicia.

Va por los viajes largos y cortos que emprendimos, por las aventuras y las correrías dentro y fuera de clases; por las “pintas” y las cátedras en el bar de siempre, más enriquecedoras que las clases dentro del aula, frente a pocos guías y muchos censuradores.

Va por los cuadernos que gastamos en dibujar corazoncitos y estrellitas, en pintar demonios, en escribir “me gustas”, “te extraño”... “te quiero”.

Va por las cervezas y los cigarros que nos desintegraban pulmones y tristezas; por los escapes hacia la nada; por el temor de salir al mundo.

Va por lo que conocimos, por lo que nos faltó; por los experimentos y las osadías; por lo dicho y por el silencio; por lo íntimo; por los besos que llegaron, por los labios prohibidos; por los brazos que cedieron, por las pieles negadas; por las bocas milagrosas, por los ojos-coincidencia.

Va por nuestro encuentro, inédito y esperanzador en la enormidad de una ciudad de muchos, en un mundo inmenso, distanciado y dividido por peligrosas pequeñeces; va por los fallidos encuentros, por la concurrencia de ilusiones, lágrimas, dolores y placeres.

Va por el desencanto; por las risas, las peleas, el hastío; por la suerte de tocarles, de tocarnos el corazón y el alma en algún punto del desconocido camino.

Va por los mios. A quienes siempre están, a quienes ya no escucho. A quienes siento en la distancia, a quienes percibo en el aire limpio. A quienes amo, en verdad, nunca me he ido.

De la serie "El de Hoy..."
28 de marzo, 2004

viernes 7 de agosto de 2009

Siglos nuevos...


Mis pantalones nuevos hacen ver a mis zapatos, más viejos.


Una solución, he pensado,
podría ser que mi guardarropa
fuera todo viejo o todo nuevo;
así no habría ambiguedad, ni disputa.

El problema radica en que
los objetos nuevos me gustan tanto,
que conservarlos conmigo hasta que envejecen,
es una extravagante muestra de amor y gratitud.

Me cuesta soltarlos.

Puede probarlo la chamarra azul,
el legendario y desgastado chaleco gris,
la pluma con la que escribo, las libretas que guardo,
los zapatos que hoy calzo...

Los recuerdos que mantengo.

Y por supuesto,
mi añejo amor por ti.

De la serie "Ensayos del Silencio"

viernes 24 de julio de 2009

Efectos de ti...



Enmudecer, temblar, sonreír;
perder la memoria,
el habla y las palabras.


Extraviar el sentido del tiempo,
sentirse valiente y cobarde;
amanecer con un torbellino por dentro
que genera paz en lo profundo.


La alegría suplantando a la tristeza,
la felicidad curando el dolor;
los besos sanando la herida.

El alma flotando de amor.

Cambiar lágrimas por sonrisas,
sollozos por suspiros,
caídas por vuelo;
gusanos por mariposas.

Dolor inacabable por orgasmos perpetuos.
El fuego incendiándolo todo,
la piel ardiendo; la boca explorando,
el miedo cediendo.

Mirarse como hacen los ciegos,
con la palma de las manos,
con la punta de los dedos.

Probarse con urgencia,
abandonarse sin recelo.

Estremecerse.
Estallar.
Quedar en blanco...
como la hoja y como la luna.

Volver a amar.

De la serie "Ensayos del Silencio"
16 de marzo-24 de julio/2009

viernes 29 de mayo de 2009

Llorar en carretera...



Llorar en carretera;
a 120 kilómetros por hora,
quizá a 140.



Fijar la mirada al frente,
en la línea inalcanzable llamada horizonte;
en el borde llamado tú.

Llorar a galope,
llorar a velocidad
y sin posibilidad de meter freno;
llorar pese a la curva, a la noche.

Pensar nada y diluirse en sales;
avanzar de Tulum a Cancún
con la esperanza hecha agua.

Llorar sobre las almohadas,
en las calles, en la oficina,
abordo de un taxi;
volando en un avión que reza por caerse.

Llorar en tu ciudad...
en la mia;
en ésta que a veces nos es ajena.

Llorar a la hora de la comida
y en la cena;
hambrienta...

Llorar en el mar,
en la espesura de la selva,
en el asfalto;
al norte, al sur,
llorarte en otras tierras.

Llorar sola.

En medio de la fiesta,
en la sala de un cine,
en el vagón del metro,
en el parque,
en una cafetería,
en el bar...

Llorar desnuda.
Frente a la libreta,
sobre la hoja,
con la pluma,
con el estómago.
Sin tinta.

Llorarte temblando,
con el puño estampado en la pared,
con el desgarro del alma,
delirando sin fiebre, loca.

Dolerse como animal,
herido, vulnerable.

Llorarte
con lágrimas que no hacen ruido.

Cómo he podido amarte
si desde el principio me has hecho llorar.

De la serie "Ensayos del Silencio"
01 de febrero/ 2009
Tulum, Quintana Roo

domingo 17 de mayo de 2009

De luto...


Te dejo frente al mar,
descifrándote sola.
Sin mi pregunta a ciegas,
sin mi respuesta rota.



Antes de que acabe el día,
sé que será una larga noche.

Me iré de la oficina
con las manos dentro de los bolsillos
y los ojos enrojecidos,
con la tristeza atorada en la garganta.

Tú también te me fuiste;
te has diluido
como todo lo que se ha diluido en mi vida.

Tú, vocero de mi corazón coraza,
fulano que me enseñó a decir te quiero;
cómplice que me mostró la táctica y estrategia
para amar a una mujer desnuda y en lo obscuro.

Tú, que supiste tintar mis utopías
y me inspiraste a "no congelarme el júbilo,
a no querer con desgana".
A evitar que los párpados cayeran,
pesados como juicios.
A no salvarme.

Qué mal me ha sentado, por Dios,
que sólo te me quedes en las venas,
en los besos que di entregando el alma.
En la punta de los dedos,
en el sabor de las caricias;
en las hojas que tejen la historia de mis pasos...
En el vagón de un tren en donde dos,
ya no viajamos.

Qué falta me harás, Mario,
para llorar en complicidad
los amores que ya no son.
Para llorar por aquella que ya no soy.

Te vas sin saber que fuiste
fusil para pelear batallas...
ésas por las que vale la pena morir.
Te marchas ignorando
que juntos fuimos a recitarle
a un balcón que nunca existió;
sin enterarte que te usé
para explicarle mejor,
que vale la pena intentar el amor.

Traidor. Huyes cuando este mundo miserable
se envilece un poco más después de tu ausencia.
Te vas cuando decidí esconderme de tus versos,
y me haces volver a ellos
sabiendo que me abres de nuevo todas las heridas.

Te vas sabio y piadoso,
viejo genial y tramposo,
con la certeza de que en uno de tus tantos versos
me reencontraré.

De la serie "Ensayos del Silencio"
17 de mayo/ 2009