martes, 1 de marzo de 2011

En reparación...

Debería decir mutando.

Habría de escribir reinventando (me).

Incluso, podría definirlo como reconstruyendo (me).

Sin embargo, elegí repararme.




Inicié supongo, con el corazón, hace ya casi tres años.

Seguí con la confianza, la seguridad, la fe. Todas muertas.
Continué después con la ilusión. Perdida.
Proseguí con la sonrisa. Ausente.

Concluida esa fase, me encontré en paz.

Serena me mantuve hasta que la mutación explotó subterránea,
sugerente, imperceptible y casi secreta, seis meses atrás.

No lo veía.
Conceptos, valores, ideas, teorías, visiones... Todo en duda.
Ahí, el conflicto.

Viajé a mi selva de asfalto
y el barro de origen comenzó a diluirse.

Tomé la cinta del hoy para medirme con el molde de ayer y no cupe.
Ni mis ideas, ni mis anhelos, ni mis sentimientos. Ni yo.

Amante de lo eterno, comprendí la sanidad de los puntos finales.

Obsesionada en conservarlo casi todo,
en confeccionarme una segunda piel
con personas/ lugares/ momentos/ olores/
sonidos/ colores... decidí.

Desprenderme.

Arrancar (me) 

Deshollarme de pasado.

Y regresé a esta otra selva
donde una década atrás muté...
o habría de escribir que me reinventé,
que me reconstruí acaso, por primera vez.

Pero aquella ocasión no decidí repararme.
No al menos como lo decidí el invierno pasado;
no como sucede hoy.

No hay dolencia que aquietar,
no hay conducta que componer,
no hay lágrimas qué secar.

Hay cambios.
Hay retos, horizonte y hoy,
sin urgencias.

Hay deudas que no requieren de moneda,
pero sí de valor.

Hay incertidumbre, mas no miedo.

Y hay intentos, decenas de intentos
por sonreir, por aprender, por compartir,
por atreverse, por continuar, por evolucionar,
por impulsar, por no caer, por disfrutar,
por dar, por aceptar, por trascender, por recibir,
por vivir, por volar. Por amar.

También por escribir.

Y por rescatar los Ensayos
que han estado en Silencio... por reparación.

De la serie Ensayos del Silencio
01 de marzo del 2011